Where We Come From nace de la misma esencia devoradora del jazz, que absorbe todas las influencias cercanas y las metaboliza dentro de los mismos esquemas de libertad y sinergia que han hecho evolucionar a la música en el último siglo. Cuando además esto se hace con honestidad, siempre funciona.

Este disco es un debut lleno de originalidad, que expresa fielmente de dónde viene este músico capaz de abarcarlo casi todo. Escuchándolo, uno percibe que David viene del jazz clásico, pero también del flamenco, los sonidos electrónicos, la música mediterránea o el rock... Demasiadas etiquetas.

 

Lo cierto es que David aúna una mirada abierta y prometedora como compositor y multiinstrumentista, conmoviendo por su sinceridad y demostrando un gusto exquisito a la hora entrelazar los estilos musicales que más le han influenciado, consiguiendo con ello una voz personal y original que tanto cuesta alcanzar.

 

Músicos provenientes de las diferentes partes y culturas del mundo, han hecho posible también el nacimiento de este trabajo. Colaboraciones como las de el violinista y cantante tunecino Larbi Sassi, los trompetistas Jorge Vistel (Cuba) y Miron Rafajlovic (Bosnia), el cantante y saxofonista Antonio Lizana (España), el percusionista Shayan Fathi (Irán) o los bailaores Nino de los Reyes y Daniel Navarro, han enriquecido el sonido de la banda, dotándolo de un carácter único y especial. Por ello, no es de extrañar que Where we come from se haya convertido en poco tiempo, en uno de los discos más vendidos entre los amantes del jazz en España.

 

Un periodista, quizás no con demasiada buena intención, le preguntó a Thelonious Monk: ¿Qué opina usted Sr. Monk, de la música folclórica? Él con su barba de chivo, su sombrero coolie y una sonrisa en sus ojos, le respondió: “Toda la música es folclórica”